El corazón de este oficio
La historia del luthier
Manuel Lizana Quezada nació rodeado de organillos y dedicó su vida a un oficio que Chile estuvo a punto de perder para siempre. Sin maestros que lo guiaran —porque el último se llevó sus secretos a la tumba— aprendió solo a reparar, restaurar y, finalmente, a fabricar estos instrumentos. Esta es la historia que su familia quiere mantener viva.
- Años 40
Una casa llena de organillos
Héctor Lizana Gutiérrez, chinchinero revolucionario de los años 40, y Graciela Quezada crían a sus hijos entre organillos y bombos. El primer hogar es la casa de la señora Raquel, dueña de una decena de organillos que arrendaba a los viejos organilleros y bombistas de la época.
- 1949
Nace Manuel Lizana Quezada
Manuel nace en Santiago rodeado del oficio. A los siete años sale a trabajar como ayudante de organillero, vendiendo remolinos y pelotas de papel. A los ocho ya toca el organillo —más grande que él— para que su padre baile con el chinchín.
- 1969
El trío “Guardia Vieja”
Junto a su padre Héctor y su hermano menor Juan forma el trío “Guardia Vieja”: dos chinchineros y un organillero que recorren pueblos y ciudades del norte y el sur del país. Por temporadas, Manuel se embarca en los cruceros del puerto de Valparaíso con el espectáculo folclórico “El show de Gaspar”.
- 1984
El oficio al borde de la desaparición
Muere Enrique Venegas, por años el único reparador de organillos del país, que prometió llevarse sus secretos a la tumba. Sin herencia ni mantención, los instrumentos se perdían o se vendían a coleccionistas. Se calcula que Chile perdió cerca del 80% de su patrimonio de organillos.
- 1989–1990
Su primer organillo, de cero
De forma autodidacta, Manuel estudió minuciosamente la mecánica de estas máquinas de música. Entre 1989 y 1990 construye su primer organillo: 26 tonos, con pitos de bronce. Desde su taller en la calle Venancia Leiva, La Bandera, comienza a revivir el oficio siguiendo a los grandes fabricantes alemanes.
- 2007
El organillo canta en chileno
Manuel toma una iniciativa nunca hecha en el país: crear rodillos con composiciones del cancionero popular chileno —cuecas, tonadas, valses, cumbias y foxtrots nacionales—, junto al músico Galo Ugarte. El organillo se desmarca de los salones europeos y empieza a sonar a Chile.
- 2013
Tesoro Humano Vivo
La Corporación Cultural de Organilleros de Chile —impulsada por Manuel a comienzos de los 2000 para dignificar y profesionalizar el gremio— recibe el reconocimiento de Tesoro Humano Vivo del Estado de Chile.
- 2014
Maestro Organero
En Waldkirch, Alemania, Heinz Jäger y Wolfgang Brommer le otorgan a Manuel el certificado de “Maestro Organero”. El reconocimiento lo consagra como el lutier de organillos más importante de América. Ese mismo año concluye un invento propio: el modelo 13 pitos, 20 tonos, una pieza única en el mundo.
En memoria de Manuel Lizana Quezada
1949 — 2021
Gran creador y promotor del oficio del organillero en Chile. Junto a su padre, Héctor Lizana Gutiérrez, dejó una huella imborrable en esta tradición. Su legado sigue sonando en las calles, en los talleres y en las manos de quienes continúan su trabajo.